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"Cazadores de cabezas"- de Michel Crespy / Revista "Espectros" / 07-12-2018





Michel Crespy (Francia, 1946) es sociólogo, periodista y novelista. Considero que estos rasgos se unifican en su libro Cazadores de cabezas (2007, Ediciones B). Una historia que explora en un sentido periodístico, sociológico y psicológico lo que ocurre con un personaje que se encuentra en la situación límite de tener una última oportunidad de conseguir empleo a una edad avanzada y como la paranoia puede convertirse en su peor enemigo.


Jerome Carceville es un directivo desempleado que participa de una prueba de selección de una importante agencia de empleo. El grupo de candidatos se aloja en un hotel, de un lugar remoto, para llevar a cabo una simulación de guerra económica mediante la división en grupos y la creación de empresas virtuales, debiendo demostrar sus capacidades dentro de un plazo limitado de tiempo.


Esta novela tiene dos lecturas posibles, sentido en el cual queda abierto. Esto nos lleva a empatizar más con el personaje ya que nos encontramos (como lectores) en la misma situación de no saber cuál es el verdadero sentido, la verdadera expectativa, de la prueba que les imponen a los candidatos.


La vulnerabilidad es el elemento central en esta historia, narrada desde la perspectiva del protagonista, una vulnerabilidad que las clases medias de la Argentina comprender a la perfección. El temor ante el desempleo y la vejez combinados, son el temor de muchos. Pero parece no ser un tema solo latinoamericano ya que esta historia transcurre en Europa. La crisis económica y de empleo ha golpeado varios países en diferentes momentos históricos.


Michel Crespy estructura este libro con un prólogo inquietante, donde se muestra a un hombre sentado junto a un cadáver, escuchando como los perros de rastreo se aproximan hacia él.


 “Lo único que tengo en común con ese ciervo son los perros que me persiguen y los cuernos en la cabeza. Una gran cornamenta, hay que reconocerlo. Me la merezco; me han atrapado. La culpa es mía. No supe huir antes de que comenzara la cacería. Ellos sabían desde el principio cómo acabaría todo esto. Nos obligaron a llegar hasta aquí. No teníamos otra salida. Cuando apunté a Charriac con la escopeta, no le dejé que me explicara que había sido un malentendido. Me reconforta en gran medida pensar que ha abandonado este mundo sin haber podido arrepentirse de sus innumerables pecados. El primero de todos, el más grave, ser lo que era. Sería una deliciosa satisfacción estar seguro de que recibirá un castigo por ello. Aunque, por otro lado, si Dios existiera, sin duda alguna no nos hallaríamos aquí.”


El autor utiliza como gancho esa muerte incierta para generar expectativa durante el inicio tranquilo y contextual de la novela. Pero mediante avanzan los hechos, narrados de forma cronológica, las cavilaciones, enemistades y paranoias se hacen tan interesantes que olvidamos el cadáver del prólogo.


El modo en que el escritor introduce al lector en la historia es más que interesante, sin que uno se dé cuenta, la trama nos va envolviendo provocando una voracidad de lectura y un aumento de tensión palpable no solo en el personaje. Produce, al terminar de leerla, el deseo de querer volver a empezar, para intentar asir eso que el lector siente que se le escapa. Se trata de una de esas novelas que merecen una segunda lectura, e incluso que no se cierran en sí mismas sino que invitan a la reflexión.


Es interesante considerar el posible conocimiento del autor sobre el texto que mencionaré a continuación, puesto que la relación parecería ser directa. Me refiero a Cazador de cabezas, de John Smith (1997, ed. Citem), un trabajo de investigación sobre el reclutamiento de ejecutivos en México. Y es que Michel Crespy, con su novela Cazadores de cabezas, parece mostrar la otra cara de todo lo que John Smith defiende como positivo de las agencias de reclutamiento de ejecutivos. Como si estuvieran parados en veredas opuestas lanzándose piedras, sin embargo, se puede pensar que sus visiones en lugar de ser enemigas son complementarias.


El avance del capitalismo deja un bache para la vulnerabilidad humana. Se vive en un mundo donde la sensibilidad, la fragilidad psicológica están prohibidas. Si no se es fuerte, si no se soporta toda la presión que el mercado quiera imponer, entonces, se es descartable. Estas son las cosas que nos hace pensar la novela de Michel Crespy, reflexión más que necesaria en la sociedad actual. ¿Qué importa más, el mercado capitalista o la estabilidad emocional y mental humana?


Cazadores de cabezas, Michel Crespy, 2007, Ediciones B, pag. 7.


 
 
 

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